Escasa educación financiera, bajo salario y presión social afectan economía de los jóvenes en RD



Iván Jiménez no tomó su primera tarjeta a los 20 años por necesidad, la adquirió para “crear historial crediticio” y estar al nivel de sus amigos. Meses después, las llamadas del banco y los sobregiros le hicieron entender que el crédito no era un accesorio social, sino una deuda real.

Carlos Feliz vivió una experiencia similar, ante un salario que no alcanzaba, recurrió al crédito como un alivio inmediato. Sin embargo, lejos de mejorar, su situación empeoró.

Son historias que reflejan una tendencia creciente: jóvenes que recurren a tarjetas y préstamos de consumo sin asesoría financiera previa.

Ante estas realidades, especialistas advierten que, en la gran mayoría de casos, estas decisiones se toman sin una orientación, como fue el caso de Iván y Carlos.
Expertos consideran acceso a los créditos se han normalizado

Al consultar a varios especialistas del área, coincidieron en que en el país el acceso a los créditos se ha convertido en una práctica cotidiana.

Así lo confirma el economista y director de la Escuela de Economía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Ramón Nicolás Jiménez Díaz, quien aseguró que durante el tiempo que ejerció como asesor financiero no recibió solicitud de asistencia de ningún joven antes de adquirir algún producto financiero.


De acuerdo con la Encuesta Nacional de inclusión y Educación Financiera 2024, realizada por el Banco Central de la República Dominicana, entre los años 2019 y 2023, el acceso a crediticio experimentó un crecimiento significativo. El numero de individuos con al menos un préstamo, ascendió a unos 908,179 usuarios, mientras que se admitieron 477,578 nuevas tarjetas de crédito, confirmando una ampliación en la inclusión financiera que a su vez, cuestiona el nivel de preparación de los jóvenes al asumir estos compromisos crediticios.
Un joven sin asesoría financiera, es un barco sin brújula


En ese mismo orden, Jiménez Díaz, advirtió que “hay una minoría que usa la tarjeta de manera transaccional, paga a tiempo y aprovecha los beneficios. Pero una parte importante la utiliza como extensión de su ingreso, paga el mínimo y mantiene saldo financiado”.

El economista señaló que, aunque históricamente la morosidad en tarjetas se ha mantenido baja, los indicadores de atraso han mostrado señales de aumento, lo que podría reflejar estrés financiero en ciertos segmentos.


“Un joven sin asesoría financiera es como un barco sin brújula. Tarde o temprano terminará en endeudándose, y como resultado final, en una crisis financiera”, afirmó Díaz.


De acuerdo con su estimación practica, de cada 10 jóvenes, solo entre 2 y 3 buscan orientación antes de endeudarse; luego el resto, lo hace cuando ya enfrenta crisis.
Los “errores clásicos” del endeudamiento juvenil

Entre los errores más frecuentes, los especialistas consultados identificaron al menos ocho patrones recurrentes: Pagar el mínimo como rutina, confundir el límite aprobado con capacidad real de pago y acumular múltiples cuotas pequeñas, son parte de los errores mas comunes. Como también, el uso de la tarjeta para cubrir gastos esenciales, no calcular el costo total del financiamiento, mezclar consumo con estatus, refinanciar sin cambiar hábitos, y dependencia de sus padres como alternativa.

En ese mismo tenor, el Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UASD y catedrático, Antonio Ciriaco, explicó que la tarjeta de crédito es uno de los instrumentos más costosos del sistema financiero, cuya tasa puede incluso ascender del al 60 %.


“Cuando se paga el mínimo, eso es un pago muy costoso, y se convierte en una especie de bola de nieve, advirtió.


Ciriaco indicó que, aunque el país ha venido mejorando su cultura financiera a través de programas educativos proporcionados por las mismas instituciones que ofrecen prestamos, todavía existe un largo camino por recorrer.

Del mismo modo, el economista, abogado y catedrático de la UASD, Daris Javier Cuevas, afirmó que mas allá de tratarse de un tema económico, también se trata de un tema cultural, tras advertir que muchos jóvenes gastan de manera desenfrenada por la ausencia de grandes responsabilidades y el respaldo familiar con el que cuentan.


“En muchos casos, tienen el apoyo de sus padres, lo que les hace sentir que pueden asumir riesgos financieros y volver a donde papi y mami”, agregó.
Clase social y formas de consumo

Nicolás Jiménez también destacó que la clase social influye en el uso de tarjetas. Mientras los sectores altos tienden a utilizarlas por seguridad y comodidad, evitando portar efectivo, una parte significativa de la clase media baja y baja aún se maneja mayormente con dinero en efectivo. Sin embargo, el tipo de clase social, no varía en el desconocimiento marcado sobre el uso correcto del crédito, incrementando así, el nivel de endeudamiento.

“Si no puedes pagarlo completo con tu ingreso del mes o con un plan claro, no lo financies. La deuda debe comprar futuro, no tapar presente”, aconseja Jiménez; tras sugerir como regla práctica, que las cuotas no superen el 25 % o 30 % del ingreso neto mensual.
Presión social y cultura del “fiao

Desde una mirada social, la antropóloga Tahira García consideró que el endeudamiento no puede analizarse únicamente desde la perspectiva individual.

“La población joven está sometida a una gran presión de consumo. Vivimos en una sociedad capitalista de alto consumo, donde la pertenencia al grupo depende muchas veces de responder a patrones de vestimenta, dispositivos y estilos de vida”, explicó.

Para García, el deseo de pertenecer y no ser rechazado en la sociedad es un factor que no corresponde solo a “una aspiración económica”, sino también a identidad y sentido de pertenencia”.

Además, recordó que en la cultura dominicana existe una práctica histórica de endeudamiento informal: el “fiao”.


“El fiao es endeudamiento. Es una lógica instaurada en la sociedad, donde la gente adquiere bienes hoy con la expectativa de pagarlos después. Esa dinámica se trasladó ahora a las tarjetas de crédito”, señaló.


La antropóloga también cuestiona que el endeudamiento se promueva como solución, sin explicar con claridad sus implicaciones. “Te venden la tarjeta, pero no siempre te enseñan el manejo correcto”, apuntó.
Impacto emocional: ansiedad, insomnio, y deterioro personal

La psicóloga clínica Margaret Muñoz advirtió sobre las consecuencias de endeudamiento.


“Generalmente las deudas pueden provocar ansiedad, estrés, depresión y sentimientos de culpa. Porque les quita libertad financiera y los coloca en una constante presión”, explicó.


Entre los síntomas más frecuentes menciona aislamiento, irritabilidad, pérdida de sueño, problemas de concentración e incluso alteraciones físicas como presión arterial inestable; agregando que “el endeudamiento puede desgastar la calidad de vida y generar descontrol emocional. En casos extremos, cuando la deuda se vuelve incontrolable, podría terminar en consumo de sustancias y violencia, alertó.
Historias marcadas por la falta de asesoría financiera

Iván Jiménez aseguró: “no busqué asesoría. Quería estar a la moda con mis amigos”, dijo, pero el problema comenzó cuando sintió la presión de los sobregiros y las llamadas del banco.

Para Carlos Feliz, la motivación fue una mezcla de necesidad económica y presión social. “Mi sueldo no era suficiente. Tomé la decisión por mi cuenta y al instante descubrí que no me alcanzaba para cubrir gastos y deuda”, expresó. Tras reconocer que la cruda experiencia le generó disgustos personales, y que “la vida de adulto es súper difícil”.

En el caso de Antony de León, la decisión estuvo vinculada a la recomendación de crear historial crediticio. “Me dijeron que era bueno sacar una tarjeta para crear crédito. No tenía mucho conocimiento y me endeudé”, relató. El impacto fue inmediato: “Cobraba y tenía que pagar casi todo. Me quedaba sin nada”. Hoy afirma que, de volver atrás, buscaría asesoría formal antes de asumir cualquier compromiso financiero.

Otro testimonio recogido señaló el impacto emocional directo: “Me introdujo en un bache económico, duré muchas noches sin dormir. Sentí que la necesidad de encajar fue la primera motivación”.
¿Hacia dónde se dirige la juventud endeudada?


Si la tendencia continúa, los especialistas coinciden en que el impacto será estructural: menor acumulación de patrimonio, mayor vulnerabilidad ante crisis económicas y normalización del sobreendeudamiento como estilo de vida.

En República Dominicana, el endeudamiento juvenil no es solo un asunto de números ni de tasas de interés. Es el reflejo de una sociedad que promueve el consumo, facilita el crédito y, al mismo tiempo, no educa suficientemente sobre sus consecuencias.

Los bancos ofertan tarjetas con facilidad, pero los jóvenes carecen de espacios formales que les enseñen a manejar sus recursos financieros. Entre la presión por pertenecer, los bajos salarios iniciales y la cultura arraigada del “fiao”, el crédito termina convirtiéndose en una en una salida fácil, que la mayoría de veces, desemboca en una crisis prolongada.

Los economistas advierten sobre el riesgo financiero, la psicología alerta sobre la ansiedad y el deterioro emocional, la antropología explica la presión social que empuja al consumo, y las historias de Iván, Carlos y Antony confirman que la deuda no comienza en el banco, sino en una decisión tomada sin información suficiente. Parece ser que el problema final no es la tarjeta de crédito, sino la educación financiera que se ausenta.

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