Por RaĆŗl GermĆ”n Bautista.- El uso de datos personales, imĆ”genes y videos de terceros sin autorización se ha convertido en uno de los principales desafĆos de la convivencia digital, especialmente cuando los involucrados son menores de edad dentro del sistema educativo.
En República Dominicana, esta problemÔtica adquiere una nueva dimensión con la entrada en discusión de medidas de protección vinculadas al ciberacoso, la violencia digital y el manejo de información personal de estudiantes, docentes y personal administrativo.
La Orden Departamental 011-2026, presentada por el Ministerio de Educación (Minerd) a finales de mayo de este año, incorpora disposiciones para enfrentar situaciones de exposición digital, grabaciones no autorizadas y difusión de contenido en los centros educativos.
Sin embargo, pese a la existencia de esta normativa, no queda claro cómo es que continúan circulando imÔgenes y videos de situaciones ocurridas en escuelas, en los que aparecen menores de edad, rostros identificables y datos sobre los centros donde sucedieron los hechos.
El escenario plantea una pregunta central: cuando una imagen o video de un estudiante es difundido sin autorización, ¿quiĆ©n debe asumir la responsabilidad, quien protagoniza el hecho, quien graba, quien publica o quienes amplifican el contenido?
UNA NORMA FRENTE AL CRECIMIENTO DE LA VIOLENCIA DIGITAL
Según el Ministerio de Educación, la disposición establece lineamientos para prevenir y atender situaciones de hostigamiento, intimidación, humillación digital, difusión de contenido ofensivo y otras formas de violencia tecnológica que afectan la convivencia escolar y el bienestar emocional de niños, niñas y adolescentes.
La normativa tambiĆ©n prohĆbe grabar, fotografiar o difundir imĆ”genes, videos y audios de estudiantes, docentes o personal administrativo sin el consentimiento correspondiente, como parte de las medidas de protección de datos y resguardo de la integridad de la comunidad educativa.
“La medida responde a una creciente preocupación internacional sobre el impacto de la hiperconectividad, la exposición digital y las dinĆ”micas de violencia en lĆnea sobre el aprendizaje, la salud emocional y la convivencia escolar”, detalla un documento oficial del Minerd.
El organismo explica que la tecnologĆa debe funcionar como una herramienta para ampliar capacidades, fortalecer aprendizajes y conectar oportunidades, no como un mecanismo que deteriore la convivencia ni afecte el bienestar emocional de los estudiantes.
EL RETO DE PROTEGER DESPUĆS DE LA EXPOSICIĆN
Aunque la nueva disposición busca corregir prÔcticas que han generado daños en el pasado, la realidad muestra que cientos de contenidos relacionados con menores de edad ya han sido difundidos a través de distintos canales y redes sociales.
La publicación de una imagen, un video o un dato personal puede marcar un impacto negativo en la vida de un estudiante, debido al alcance y permanencia que tienen los contenidos dentro del entorno digital.
Por esta razón, la medida representa un intento de elevar los niveles de seguridad y ciberseguridad en los centros educativos, aunque su aplicación dependerÔ de la capacidad institucional para responder ante los nuevos escenarios.
MĆS ALLĆ DE PROHIBIR TELĆFONOS Y CONTROLAR DISPOSITIVOS
El desafĆo principal no estĆ” Ćŗnicamente en restringir el uso de celulares o dispositivos electrónicos dentro de las escuelas.
La complejidad aparece cuando ocurren situaciones como un estudiante que graba a otro sin autorización, una pelea escolar que termina publicada en redes sociales, una fotografĆa de un menor que circula por aplicaciones de mensajerĆa o un caso de ciberacoso que requiere intervención institucional.
TambiĆ©n surgen interrogantes sobre cómo actuar cuando un docente necesita utilizar tecnologĆa con fines pedagógicos, cuando un estudiante emplea un dispositivo para actividades acadĆ©micas o cuando un centro educativo debe investigar una agresión digital.
El debate lleva a una pregunta fundamental: ¿tienen las escuelas los recursos, protocolos, capacitación y mecanismos de supervisión necesarios para aplicar estas medidas sin convertir la convivencia digital en una polĆtica basada Ćŗnicamente en prohibiciones?
ESCUELAS DEBERĆN CREAR PROTOCOLOS INTERNOS
La Orden Departamental establece que cada centro educativo deberÔ desarrollar protocolos internos sobre convivencia digital, prevención de violencia tecnológica y uso responsable de dispositivos móviles.
Estos mecanismos deberÔn integrarse a los manuales de convivencia escolar y elaborarse con la participación de docentes, familias y estudiantes.
En ese proceso, el papel de padres, madres y tutores serÔ determinante para garantizar que las medidas no queden únicamente establecidas en documentos oficiales, sino que se conviertan en prÔcticas permanentes dentro y fuera de las aulas.
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